La primera decisión del nuevo alcalde de Londres, el conservador Boris Johnson, ha sido prohibir el consumo de alcohol en el transporte público de la ciudad. Miles de personas decidieron aprovechar las últimas horas en que era legal invadiendo los vagones del metro para beber y celebrar una fiesta contra la nueva ley.
El objetivo era la Circle Line, la línea de metro circular que rodea el centro de Londres. Desde diferentes estaciones centenares de personas subían a los trenes de esta línea y convertían los vagones en una fiesta, que se iba animando según avanzaba la noche.
Algunos pasajeros, ajenos a la convocatoria, miraban atónitos los vagones abarrotados de jóvenes, muchos disfrazados, que brindaban, bebían y gritaban consignas contra el nuevo alcalde de Londres, impulsor de la ley anti-alcohol.
“Boris is a wanker” (Boris es un pajillero) era una de las frases que se canturreaban en los vagones, mientras se abrían botellas de champagne, vino, cerveza, y cualquier cosa que tuviera grados de alcohol. El espíritu era de protesta y de celebración, nadie era un extraño y las conversaciones y brindis se cruzaban en todas direcciones.
Además de la desinhibición que provoca el alcohol, también había la excitación de participar de un acto de invasión y conquista de una línea de metro. Grupos de personas entraban y salían de los vagones, corrían, cambiaban de andén y asaltaban otro metro.
17 detenidos
Conforme las botellas y latas vacías se acumulaban en el suelo de los vagones, aparecían los primeros signos de caos y vandalismo. Durante la noche la policía detuvo a 17 personas por vandalismo y violencia, además cuatro conductores y otros trabajadores del metro fueron atacados.
La aglomeración en algunas paradas de la línea hizo temer por la seguridad de los participantes y se cerraron seis estaciones de metro para evitar accidentes. La fiesta acababa con escenas de peleas, vómitos y la policía desalojando estaciones.
Críticas a la ley anti-alcohol
La ley que prohíbe el consumo de alcohol en el transporte público, ha sido la primera medida política del nuevo y excéntrico Boris Johnson, elegido alcalde el pasado mes de mayo. La seguridad en el transporte público es una de los temas recurrentes entre los habitantes de Londres.
Esta ley se presentó como una manera eficaz de evitar el vandalismo y la violencia en metro y autobús, pero no ha escapado de numerosas críticas. El sindicato de trabajadores del transporte se queja de que no tienen recursos para aplicar la ley y avisa de pone en situación de riesgo a los conductores y el personal que haya de hacer cumplir la ley